Carta abierta a D. Santiago Llorente, Sr. alcalde presidente de Leganés

A nuestra asociación ha llegado una carta de un vecino dirigida al alcalde de Leganés Santiago Llorente, pidiéndonos demos publicidad en nuestras redes. Compartiendo lo que en ella se dice, procedemos a su difusión, con la esperanza que el gobierno municipal en su conjunto la lea, tomen buena nota, y se pongan a trabajar para que esto no vuelva a suceder.
Los ayuntamientos son la administración más cercana a los/as vecinos/as, pero en Leganés esto no parece ser así.

Estimado Sr. alcalde

Todos hemos oído hablar de Kafka y de lo Kafkiano y también conocemos la frase célebre «Hombre soy, Nada de lo humano me es ajeno», pues bien, estos días 10, 11, 12 de noviembre, he vivido en primera persona lo que criticaba Kafka y he recordado la célebre frase de Terencio, al intentar hacer una gestión en el Ayuntamiento de Leganés. Es muy fácil comprobar lo que digo aquí, pero muy difícil y duro soportarlo. Invito a usted Sr. alcalde y a todos los concejales a hacer la prueba: marquen el número de teléfono 010, o el fijo de nueve cifras que anuncian claramente en los anuncios pegados en la puerta de la Casa del Reloj, como imprescindible para obtener cita previa: 912 489 010. Cuando llamamos a dicho número, lo he vivido durante estos tres días señalados, haciendo numerosas llamadas a distintas horas. Salta el contestador automático e indica marcar el UNO si es para solicitar cita previa. Uno sigue la instrucción y el sistema automático desvía la llamada a otro número que no lo coge nadie, así esperes una hora con el tono de espera y con la esperanza que al fin alguien lo coja.

Pero lo gracioso y patético es que en vista que nadie coge la llamada, vas directamente al ayuntamiento y el vigilante de la entrada impide el acceso y te remite al número citado. Así se produce un bucle que no tiene fin. Además, si entras en la Web del Ayuntamiento buscas la forma de conseguir cita previa y te hace lo mismo. Luego, en mi caso, recordé que tenía alguien en el ayuntamiento que quizás me pudiera ayudar a conseguir la cita, lo llamé, me cogió la llamada al primer toque, hablamos amistosamente, le conté lo que me ocurría, que supuse sería lo que a tantos que llamaran, lo entendió y lo sintió, me facilitó otro número, diciendo «ese es el de la centralita del ayuntamiento, ahí te lo deben coger». Llamé a tal número y ¡sorpresa! Qué cree que ocurrió: el tono de llamada suena al otro lado de la línea, una y diez veces, no activa ni siquiera un contestador automático. Nadie lo coge. Pero no conforme volví a intentarlo a lo largo del resto de la mañana varias veces. Nada. Al final la solución fue ir a Correos, llevar la documentación y enviarla por correo certificado. Ahí si funcionaban las personas que atendían en la oficina de la calle de la Rioja, aunque tuve que esperar cola unos 7 minutos.

Me pregunto ¿Sabe el responsable de comunicación las molestias y frustraciones que está produciendo a las personas que vivimos en Leganés con esa negligencia?, muchos de ellos somos votantes que ayudamos a ponerle en el cargo que ostentan y que en época de elecciones todos los aspirantes sin excepción prometían prestar un servicio a la ciudad. Si ganaban, harían mejorar lo que funcionaba tan mal. Y ahora ¿qué responden a esto? ¿Saben el daño que están infringiendo también a los partidos que representan? Por favor esto creo que es una urgencia mayor, como lo es la de los ambulatorios y hospitales. Y tiene solución y consiste en ponerse a la tarea, crear los medios hasta lograr que cualquier persona que llame o que visite una dependencia municipal, sea atendida con todo el respeto que merece, el mismo que tenía al votar.

Esta experiencia me ha recordado la historia de aquel humilde vecino, que viviendo solo y sin familia a quien recurrir, inesperadamente, fue agraciado con un gran premio económico cuyas cifras era incapaz de comprender, se sintió mal y agobiado pensando que cobrar ese premio le traería más problemas y tristezas que alegrías, decidió ir al Ayuntamiento de su ciudad, convencido de que lo mejor sería donarlo para bien de todos sus vecinos, pensaba que así, los administradores sabrían hacer buen reparto de los bienes y él podría continuar viviendo humildemente, pero tranquilo. Grande fue su sorpresa al comprobar que no era posible llevar a cabo tan buen propósito, pues se lo impedía un vigilante y éste, cumpliendo con su obligación, le invitaba a cumplir con lo mandado: llamar por teléfono para pedir cita. Llamó y el contestador automático respondía que llamara por teléfono para pedir cita y esperaba respuesta y el contestador volvía a decirle lo mismo una y mil veces y al final, el pueblo no pudo disfrutar de tan buenos propósitos por haber puesto tantas barreras. El pobre hombre al que había atacado un virus, parecido al que nos ataca ahora murió sin que nadie pudiera cobrar el premio.

Por el bien de todos, agradeceré mucho tomen las medidas oportunas para evitar que esto siga sucediendo.

Atentamente

Fabián Castillo Molina

Leganés 13 de noviembre de 2020